por Thierry Meyssan - La democracia iraní se halla en plena ebullición. Han caducado las diferentes tendencias que se habían hecho patentes en 2009, al extremo que el presidente Barack Obama acaba de reconocer públicamente que Mahmud Ahmadinejad fue efectivamente reelecto en aquel entonces por una mayoría de sus conciudadanos. Ya no existe el movimiento verde que en aquel momento parecía haber logrado la unión entre la burguesía urbana y una parte de la juventud. Ya Washington no apuesta por el derrocamiento del régimen sino que se esfuerza por dividirlo. Estados Unidos está tratando de explotar la crisis existente entre la corriente religiosa, representada por el clan Larijani, y la corriente nacionalista de la familia Ahmadinejad.
